CALLE BOLIVIA

I.

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Pronunciar el destiempo

cual sibila de periferia

sin direcciones ni satélites.

 

Una gaviota, la menguante

todo anuncia tu caída,

el golpe que llevará a tierra

tus futuros de pirotecnia.

 

II.

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Un breve espacio

retraso o antelación

manilla indecisa.

 

No fue encuentro afortunado

ni cuadratura de ausencias.

 

III.

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Permuta impasible la perspectiva

desde lo vivido hasta lo evocado.

 

Un gran angular en el pecho

persigue la última luz

aquel detalle preciso

antes de la amnesia.

 

Memoria selectiva y cuenta nueva:

recuerdos tapiados, tus huesos en ruinas.

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Volver

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Volver es un acto valeroso. Volver a la tierra, real o simbólica, de la que un día nos despedimos (tal vez rehuimos de ella o simplemente necesitábamos observarla desde la lejanía). Volver a un territorio familiar sabiendo que ahora somos y seremos por siempre extranjeros. Extraviadas la inocencia y la bendita ignorancia, ya nos movimos, vimos otros mundos, atravesamos desilusiones, perdimos la calma. Aún así volvemos.

Volvemos a la inspiración que se llevó un día la marea. Pero en el fondo sabemos que esta bella imagen es falsa y traicionera. La inspiración no es más que una elección. Elijo este tiempo para abrir una libreta en blanco. Una página, la primera, que amanece nevada, por estrenar y silenciosa. Allí se quedan las huellas que crujen y se hunden dulcemente. Después vienen las palabras.

Volver a nosotras. Volver una tarde, sin previo aviso, pero con un deseo común de encontrarnos y crear juntas. Volver pensando que todo ya está dicho, que no quedan cartuchos para disparar sombras y pájaros al cielo, que todo está visto, masticado, digerido o vomitado. Volver y dejarse sorprender por el espacio interior que se expande en un descampado. Se hace desear ese encuentro, pero llega, inspira y mueve.

El abandono que proporciona espacio a lo salvaje, la vida como una hectárea en caos. Ruinas rodeadas por edificios nuevos en barrio de periferia. Desaparece tu imagen. Se la tragó la maleza. Transcurre un tiempo (una eternidad, ¿por qué no?) y vuelves con otro brillo en los ojos, con una imagen capturada en el pecho. Tal vez otra versión de ti misma.

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